DE CUSTODIA COMMUNIS (I)

No es inusual que muchas parejas al separarse utilicen de forma frívola la carta de la Guarda y custodia compartida como un instrumento para obtener réditos económicos. Esto es, pagar menos pensión alimenticia o seguir residiendo en la vivienda familiar.

Por suerte, hay padres que sí se toman en serio este régimen para disfrutar de la compañía de los hijos tras la separación.

Lo primero que hay que tener en cuenta es que la guarda y custodia compartida NO ES IGUAL a repartir la custodia en tiempos iguales. Cada familia tiene sus circunstancias y sería muy inocente pensar que se puede repartir el tiempo de los hijos en partes iguales. Si en una convivencia en común no se cumple, menos si al producirse la separación cada uno ha compaginar de el cuidado de los menores en solitario con sus vida laboral.

Lo importante es compartir la guarda de los niños de la mejor forma posible, no necesariamente a un férreo 50%

Las siguientes formas de guarda son, en parte objetivas y en parte subjetivas, ya que también influye mi pensamiento en lo que a acompañar a un hijo en su crecimiento se refiere.

Formas de ejercer la guarda compartida

  1. “A lo Perséfone

En nuestros años de experiencia nunca lo hemos visto, pero existe. Obligatoriamente con días intersemanales, pero, aun así, esta forma de ejercer la guarda es extrema: los menores pasan seis meses con cada progenitor.

Riesgo de desconexión emocional con quien no convive, por no hablar del cambio de rutina que supone iniciar el semestre con el otro. Afecta también a la educación.

2. Meses alternos.

Casi como el anterior, aunque con hijos ya creciditos se puede implantar. Se toma en consideración la madurez emocional del menor.

3. Quincenas alternas. 

Pensado para adolescentes y preadolescentes, que empiezan a tener vida propia y no hace falta estimular la unión con sus padres puesto que ya hay (o debería haber) una base sólida al respecto.

4. Semanas alternas

De viernes a viernes. Según la edad de los niños es recomendable que haya días intersemanales para que vean a los padres.

5. «2-5-2-5» 

No es la alineación del próximo partido de casados contra solteros. Es el sistema por el que los menores pasan dos días seguidos con la madre o el padre y los fines de semana se disfrutan en compañía de uno u otro de forma alterna. Muy equitativo y la duración de las estancias permite no marear demasiado a los pequeños.

6. “Fifty-fifty” definitivo

Por días alternos, y fines de semana idem. Compartir la guarda de los menores al 50% cada día alternando promueve el lazo emocional, pero en la práctica puede causar muchos inconvenientes prácticos. En edades muy tempranas afecta a la rutina de los menores, que es esencial.

Al final ha de primar el menor y escoger el régimen que menos problemas le cause

Desde nuestro punto de vista y parafraseando a Aristóteles, la virtud se encuentra en el término medio. Los puntos 2 a 4 son muy buenas recomendaciones para establecer un régimen de guarda y custodia que beneficie a todos, pero sobre todo a los hijos.

Las características de este régimen no acaban aquí. Preguntaréis: ¿Y durante las vacaciones? ¿y dónde viven los niños? Daremos detalles de otros aspectos en un post posterior.

Un saludo del equipo Pherus!

 

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