SI SEIS MESES ERA MUCHO….

Nuestros numerosos lectores recordarán el primer artículo de la serie «De custodia comunis», en el que repasábamos los distintos modos de encarar una guarda compartida.

En aquel artículo ya advertíamos que, para un menor, un periodo de guarda y custodia semestral con cada progenitor podía llegar a ser excesivo. Quizá nos quedábamos cortos, puesto que recientemente hemos visto cómo en una Sentencia se ha intentado establecer un período anual, y en diferentes países además.

El caso

Una japonés y un español se divorcian, tras convivir varios años en Japón y luego en España. Se solicita que la guarda de los menores para la madre, que regresa a Japón,  y el padre, que reside en Pamplona  solicita guarda compartida por la que los niños deberían residir en periodos alternativos de un año con cada uno de sus progenitores, y en países distintos, obviamente.

Tanto el Juzgado de Primera Instancia como la Audiencia Provincial desestimaron las pretensiones del padre. Y así se llega al Tribunal Supremo.

La jurisprudencia del Supremo ha declarado que la custodia compartida es siempre la normal solución, incluso la deseable, pero teniendo siempre presente las circunstancias de cada caso y el superior interés del menor.

La sentencia

La Sala del Tribunal Supremo recuerda que sobre todo prima el interés superior de los menores, también por encima del vínculo paternal.

Por ello, tienen en consideración los siguientes puntos:

  • Los niños han residido varios años en Japón, no les es un ambiente extraño.
  • Dado el alcance de los periodos, se entienden más como una guarda por periodos de tiempo que como una compartida.
  • Nada se indica de los posibles beneficios para los menores.
  • Existe una enorme distancia entre ambos domicilios que hace inviable la guarda compartida, ya que los niños necesitan un marco estable de referencia.

Por ello, el Tribunal Supremo resuelve desestimando el recurso del padre sobre la guarda compartida.

Coincidiendo con el Tribunal Supremo, el interés superior del menor debe prevalecer, y en el caso en concreto, dado los largos periodos de residencia en Japón y tener estructurada allí su vida, los cambios que proponía el padre hubieran tenido más efectos negativos que positivos sobre a los niños. Todo depende de las circunstancias. Quizá al tener más edad sí sería aconsejable esta medida. ¿Qué opináis?