DE CUSTODIA COMUNIS (II)

Hace ya algunos meses empezamos una serie de entradas sobre la figura de la custodia compartida en nuestro país. Si bien hemos dejado reposar el tema durante un tiempo es hora de retomarlo y seguir resolviendo aquellas cuestiones que se les puede ocurrir al ciudadano lego en estos temas.

Habíamos hablado de las formas de ejercer la guarda y custodia compartida, dejando en el aire cuestiones relativas a su funcionamiento en los periodos vacacionales o referentes a la vivienda. En este post vamos a responder a la primera de ellas.

Cuidamos de nuestro hijo de forma compartida pero, ¿en vacaciones también?

Dependiendo de la edad del pequeño y del tipo de régimen de guarda y custodia acordado, es probable que no haga falta establecer un régimen de estancias durante los periodos vacacionales (p. ej. si la guarda es cada quince días). Pero a medida que crezca el menor y los padres puedan disfrutar más de su tiempo libre con él, será necesario establecer un límite a la guarda compartida. Todo progenitor tiene derecho a disfrutar todas sus vacaciones con su hijo o su hija, sobre todo en época estival, cuando se da el periodo más largo de las vacaciones escolares y laborales.

Dado que en España un trabajador tiene como mínimo 22 días de vacaciones al año (puede tener más según cada convenio), la ley permite en los regímenes de guarda exclusiva, que cualquiera de los padres pueda estar con su hijo un mes entero, ya sea por quincenas o 30 días de forma continuada. Todo ello con el ánimo de fortalecer el vínculo entre ambos en un contexto de ocio en el que coinciden las vacaciones de uno y otro y que fomentan la complicidad, el viaje, el descubrimiento, el disfrute y el descanso.

Y esto mismo se ha de extrapolar a los regímenes de guarda compartida. El hecho de que una niña o un niño tengan que alternar una semana con su padre o su madre, no puede desvirtuar este periodo de vacaciones tan importante para la familia.

Es por esta razón que en estos casos, se incluye una cláusula de régimen de estancias en vacaciones estivales donde se estipula que, dependiendo de la edad de los menores, pasarán los meses de julio y agosto con uno u otro, ya sea por quincenas o por meses enteros. Fomentando de esta forma los beneficios arriba mencionados.

Todo progenitor tiene derecho a disfrutar todas sus vacaciones con su hijo o su hija

Bien es cierto que no se suele establecer cláusula de este tipo para el caso de las vacaciones de Navidad o Semana Santa, dada su duración, y en tanto en cuanto la mayoría de los casos se complementan bien con la guarda compartida para disfrutarlas plenamente. Ello no quita que si la guarda no permite un disfrute equitativo de las mismas, no se deba establecer régimen alguno.

Por último, el hecho de «pausar» la guarda y custodia compartida durante las vacaciones, no significa en absoluto que los menores deban romper el contacto con el otro progenitor. La comunicación con el otro es un pilar básico, y debe fomentarse en la medida que las circunstancias y la edad de los pequeños lo permiten.

Esperamos no tardar tanto en volver a escribir sobre este interesante tema. Un saludo desde Pherus!